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Victoria Sobrero es hematóloga y oncóloga infantil (UBA).
Recibió una beca de la Fundación Leo Messi para perfeccionarse en el tratamiento de niños con cáncer en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona.
Sostiene que esa experiencia le permitió 'generar un lazo, una conexión directa con Barcelona y la posibilidad de la interconsulta'.

Sobrero además es miembro del comité científico de la Sociedad Latinoamericana de Oncología Pediátrica (SLAOP) y dice que, si bien los síntomas del padeciente 'dependen del tipo de tumor', por lo general, un paciente enfermo presenta 'fiebre de origen desconocido, descenso de peso, dolores que los despiertan de noche' y cambios abruptos en el comportamiento.

En 2018 fue seleccionada como una de las 10 'Jóvenes Sobresalientes de la Argentina'.
Dicha distinción la otorga la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) y la Cámara Junior Internacional (JCI Argentina) a personas entre 18 y 40 años destacados por su excelencia en sus campos de trabajo, logros personales, labor comunitaria y aporte a la sociedad.
En 2019, Sobrero está postulada para recibir esta distinción a nivel internacional.

En diálogo con Infobae, Sobrero ahondó sobre su carrera, cómo viven los niños y familiares el proceso de la enfermedad y las diferencias entre la Argentina y el resto del mundo en oncología.

-¿Por qué elegiste la especialidad de oncología en la medicina?

-Creo que la oncología da esa posibilidad de relacionarte con los pacientes y con las familias desde un lado que no te da otra especialidad.
Es una rama en donde uno tiene un tratamiento no crónico, porque no son pacientes que ves toda la vida, pero sí en un tiempo prolongado que, como mínimo, son seis meses.
Con la mejoría de los tratamientos hay pacientes que viven con su enfermedad durante años.

-¿Por ejemplo?

-Hay niños que llevan cinco o seis años con alguna enfermedad oncológica y viven con muy buena calidad de vida, entonces uno genera un vínculo que yo veía que en otras especialidades no había.
La oncología me permitió ver que se pueden mejorar los tratamientos y no es lo que se ve en televisión.
Los tratamientos son mucho más amigables de lo que eran en un principio.

-¿Cómo toman los niños y niñas el tema de su enfermedad, son conscientes de los que les está pasando?

-Lo toman mucho más natural de lo que lo tomamos nosotros.
Desde el lado del médico, cuando toma alguna decisión terapéutica que cree muchas veces durísima, ellos enseñan que ese es un proceso y algo que hay que hacer.

-¿Qué nivel de conciencia tienen los chicos en cuanto a su enfermedad?

-Desde muy chiquitos ellos saben que algo no está andando bien porque dejan de ir al jardín, dejan de estar en casa y con amigos para pasar a estar todos los días o tres veces por semana en el hospital, entonces ven algo raro.
Nosotros siempre optamos por decirles de una manera en que entiendan qué es lo que pasa, tratando de adaptar, porque se dan cuenta.
Salvo que sean lactantes, cuando empiezan a caminar ya entienden que no están en sus casas.
Entre más fácil y real uno se lo haga lo toleran mejor.

-¿Y con respecto a lo que sucede con sus padres o sus vínculos cercanos?

-Muchas veces pasa que ellos mismos no quieren preguntar porque ven a papá que está más serio o a mamá que llora.
Uno les dice: 'Mamá llora porque está preocupada por vos', o 'papá está serio porque ahora estás enfermo y tenés que hacer un tratamiento', o hubo que irse lejos de casa, y extraña algún hermanito.
Ellos saben todo y muchas veces te dicen: 'Mi papá puede perder el trabajo'.
Están atentos a todo lo que pasa, uno no puede ocultar.
Yo siempre opto por decirles.

-¿Hay algún tipo de cáncer más frecuente en niños a edades determinadas?

-Depende de la edad de los niños es el tumor que uno buscaría.
Hay una teoría que sostiene uno de mis jefes, y yo creo que tiene razón, que es la teoría del tumor del desarrollo.
Si alguien vive 100 años lo más probable es que tenga algún cáncer de colon, pulmón o mama, pero en los niños es totalmente diferente porque en el proceso de desarrollo, cuando uno está creciendo más es cuando es niño.

-¿Qué pasa durante ese proceso?

-En ese proceso de crecimiento exponencial de las células de cualquier órgano es cuando algún grupo se desordena al crecer y es donde forma un tumor que, a diferencia del adulto, tiene otra patología y forma de desarrollarse.
Por ejemplo, un tumor en la retina, es un tumor que se espera encontrar cuando un paciente tiene 20 años porque la retina ya se desarrolló.

-¿Cómo se hace para detectarlos?

-En general los síntomas dependen del tipo de tumor pero los que son comunes a todos son comportamientos de niños que estaban bien y de repente dejan de jugar, no se sienten bien o prefieren ir a acostarse a estar jugando, fiebre de origen desconocido, descenso de peso, dolores que los despiertan de noche.
Eso son los generales a todos.
Un chico que está bien y juega tirando la casa por la ventana que al otro día quiera estar sentado o acostado, ese es el signo de alarma más importante.

-¿Qué significa tener cáncer?

-En general, tener un cáncer significa que hubo algo en tu cuerpo que dio esa predisposición.
La mayoría de los niños tiene un solo tumor en sus vidas y no significa que van a volver a repetir.
Un porcentaje muy pequeño puede tener alguna segunda neoplasia secundaria al tratamiento, porque uno asume que con el que hace, la radioterapia puede dar un segundo tumor.
Como eso ya lo sabemos, disminuimos las dosis de radioterapia, cambiamos algunas medicaciones para disminuir ese riesgo.
Después hay muchas mutaciones que estamos estudiando para ver predisposiciones al cáncer.

-Y después del tratamiento de los seis meses que mencionaste, ¿cómo viven?

-Salvo las leucemias, que hacen un tratamiento con quimioterapia vía oral hasta cumplir dos años del diagnóstico, el resto vuelve a hacer una vida prácticamente normal, con muchos controles, pero dejan de recibir quimioterapia, dejan de recibir tratamiento y todo gira en torno a la recuperación.

-¿Creés que hay más conciencia sobre el cáncer en general?

-Sí, creo que las redes sociales y los medios han hecho que los padres estén más alerta.
Hay muchas consultas como: 'Vengo porque en mi ciudad hubo dos diagnósticos y me gustaría controlarlo'.
La verdad es que uno no puede predecirlo, no puede hacer un análisis o scanner del niño completo y predecir.
Pero es igual que en los adultos, entre antes lo encontremos antes lo podemos tratar, y siempre es mejor.

-¿Cómo sentís que se trabaja el tema desde las instituciones públicas a través del Estado?

-Creo que en algunos casos hay más políticas de Estado, se les está dando mayor importancia.
No sé si por el Estado mismo o por la gente y la necesidad de quienes viven todo esto de hacerse escuchar y de hacer conocidas estas patologías.

-¿Desde lo público, sentís un acompañamiento en lo que tiene que ver con las investigaciones?

-Hay mucho de amor por la profesión y mucho de tirar para adelante.
Los últimos años estamos intentando entre todos comunicarnos, trabajar con el exterior y estar afuera y buscar mejorar.
No siento que sea una política de Estado.
No veo que digan: vamos a mandar a nuestros profesionales jóvenes a formarse afuera.

-Vos estuviste en Barcelona.

-Estuve afuera pero porque me gané una beca de una institución privada.
Messi me becó y me dio esa oportunidad de irme, pero en general es muy difícil y no viene de la mano de salud pública.
Hasta donde yo sé no hay nadie que se haya ido por esa vía.
Hay mucho amor por la profesión y por mejorar nuestros valores, por tener las mismas sobrevidas que tienen en Europa y en Estados Unidos.

-¿Cómo se posiciona Argentina frente a los países que mencionás?

-Estamos considerados dentro de los países de medianos y bajos ingresos pero a todos los congresos que vamos no estamos con los números de Europa y de Estados Unidos.
Cuando uno mira nuestros registros, los números no son tan buenos.
Los profesionales son excelentes, y uno puede ir a trabajar a Estados Unidos y Europa y estar al mismo nivel, pero cuando uno viene para acá nuestros números no son lo mismo.

-¿A qué te referís cuando hablás de 'números'?

-A los porcentajes de sobrevida.
En oncología siempre se mide el porcentaje de sobrevida libre de evento de chicos vivos a cinco años, y nuestros números no son tan buenos como en Europa.

-¿Cuáles son los números en Europa y cuáles los nuestros?

-En las leucemias, que son los tumores más frecuentes, en Estados Unidos y en Europa tienen entre el 80 y el 90 por ciento de tasa de curación y nosotros no llegamos al 80 por ciento.
Tumores cerebrales también: ellos 70, 80 por ciento y nosotros manejamos un 60 por ciento.
En los linfomas estamos un poco más parecidos: 70 y pico por ciento.

-¿A qué le atribuís esa diferencia?

-Probablemente el retraso de diagnóstico tenga que ver.
Tenemos un país muy grande con niños en todos lados y pocos centros de atención centralizados en Buenos Aires, Rosario, Córdoba y no hay mucho más.
Hasta que el paciente llega a un centro de máxima complejidad para poder operarse en general hay retraso de diagnóstico.

-Y acá el lugar es el Garrahan.

-El Garrahan trata un tercio de los tumores del país.
Por año más o menos son 1350 casos nuevos y el Garrahan trata de ellos 450, 500 chicos.

-¿Cómo fue la experiencia como becaria en Barcelona?

-Personalmente una prueba para ver en qué nivel estábamos. Por eso digo que podemos trabajar afuera sin ningún problema.
Fue generar un lazo, una conexión directa con Barcelona, con posibilidad de interconsulta, de tener otra mirada y, en algunos casos, poder derivar pacientes para que se puedan tratar allá.

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Fuente: Infobae >> lea el artículo original